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17 de julio de 2017

Cinco nevados de la Cordillera Blanca ideales para comenzar a practicar montañismo

Richard Hidalgo, que ya coronó cuatro de las 14 montañas de más de 8.000 metros que hay en el mundo, da sus sugerencias para quienes se inician en el desafío de conquistar las alturas.


Ha escalado sin oxígeno y sin porteadores de apoyo cuatro de las catorce montañas más altas del mundo, la última de ellas en mayo: el temible Annapurna en Nepal, considerada la más peligrosa de los ochomiles. Richard Hidalgo se ha trazado el desafío de coronar todas las cumbres del planeta que sobrepasan los 8 mil metros de altura. Mientras divide su tiempo en preparar la que será su próxima expedición y disfrutar de la temporada de andinismo en Huaraz –que va de mayo a setiembre- , el destacado montañista peruano le contó a elcomercio.pe cuáles son los nevados de nuestra Cordillera Blanca ideales para quienes quieren se inician en el desafío de conquistar las alturas. 

Conocer Ciencia les recomienda visitar estas montañas AHORA, tal vez dentro de diez años ya no existan debido al calentamiento global y el cambio climático. 

Conocer Ciencia les recomienda escalar primero el Vallunaraju, pues su ascenso se puede hacer en dos días (incluyendo la ida y vuelta a Huaraz); pero, de todas maneras, ustede debe encontrarse en buenas condiciones física para poder escalar. Más información AQUÍ o AQUÍ.
 

 Montaña Ishinca (ruta de ascenso y ruta de descenso)




1.- Nevado Ishinca (5.530 metros)
Recomendable para quienes recién se inician en la práctica del montañismo, es uno de los nevados más visitados de la Cordillera Blanca. El Ishinca posee un excelente clima, ideal para la aclimatación de los viajeros. Richard explica que el ascenso presenta un largo y bonito recorrido por un glaciar con grietas, así como cuevas de hielo.
Datos técnicos:
Duración: 3 días
Grado de dificultad: PD (Poco difícil)
Desnivel: 1.200 metros



NOTA: Por esta misma ruta se puede escalar el Urus y Tocllaraju, ver AQUÍ.

2.- Nevado Maparaju (5.326 metros)
El significado de este vocablo quechua se puede traducir como Nevado Sucio o Hielo Sucio, según se explica en la página web del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). Es considerado uno de los más sencillos para escalar en la Cordillera Blanca. La aproximación, cuenta Richard Hidalgo, se realiza por la quebrada Quilcayhuanca hasta el campamento base en la quebrada Cayesh (4.050 metros). Ofrece una gran vista desde su cumbre, desde la que se puede ver parte de la quebrada de Conchucos. Más información AQUÍ.
Datos técnicos:
Duración: 3 días
Grado de dificultad: PD (Poco difícil)
Desnivel: 1.250 metros


3.- Nevado Pisco (5.752 metros)
Inicialmente conocido como Mataraju, fue rebautizado debido a que la primera cumbre que se hizo en este nevado se celebró con nuestra bebida de bandera. El Pisco es uno de los grandes clásicos de la Cordillera Blanca. “Esta montaña posee dos cumbres: la Este, más cercana al nevado Chacraraju, es raramente escalada; la más popular es la cumbre Oeste, situada cerca del collado que separa el Pisco del grupo de los nevado Huandoy”, manifiesta Hidalgo. Más información AQUÍ.
Datos técnicos:
Duración: 3 días
Grado de dificultad: PD (Poco difícil)
Desnivel: 850 metros



 Ruta para ascender al Vallunaraju

4.- Nevado Vallunaraju (5.686 metros)
“Es una de las montañas más emblemáticas cerca de Huaraz. Desde cualquier punto de la ciudad se divisa sus cumbres y su peculiar silueta parecida a una silla de montar”, cuenta Richard Hidalgo. Vallunaraju significa La Montaña de los Sueños. Este nevado, otro de los preferidos de los montañistas que llegan desde todos los rincones del mundo para poner a prueba su habilidad en la Cordillera Blanca, es considerado un perfecto punto de entrenamiento y aclimatación para desafíos mucho más grandes. Más información AQUÍ o AQUÍ.
Datos técnicos:
Duración: 2 días
Nivel de dificultad: PD (Poco difícil)
Desnivel: 1.300 metros



 Ascendiendo al Tocllaraju

5.- Nevado Tocllaraju (6.032 metros)
Toclla o Tuclla significa trampa o que te atrapa; Tocllaraju es por lo tanto la Montaña que te atrapa por su belleza. Richard Hidalgo lo describe como el gran clásico de los seismiles de la Cordillera Blanca. Se ubica en la quebrada de Ishinca, cerca de nevados como el mismo Ishinca o el Urus, lo que hace posible que se use el mismo campamento base para todos ellos.
Datos técnicos:
Duración: 4 días
Grado de dificultad: AD+ (Algo difícil +)
Desnivel: 1.000 metros


Pósee la misma ruta para escalra el Urus y el Ishinca, ver AQUÍ.

Fuentes:

El Comercio (Perú) 

Peruvian Andes Adventures

29 de agosto de 2013

La aventura de criar a un bebé en la Antártica


Cuando al piloto de la Fuerza Aérea de Chile, Fernando Fontt, y a su esposa, Carolina Cabezas, les propusieron hace un año mudarse a Antártica, dicen que no lo pensaron mucho, ni siquiera teniendo en cuenta que su hijo Fernandito tenía entonces unos pocos meses. 

Juntos se instalaron en el poblado antártico de Villa las Estrellas. A unos 1.500 km de Punta Arenas, en Chile, esta comunidad de 64 habitantes, es una de las únicas dos localidades del continente helado en donde viven civiles.
Fundada en 1984 en la isla Rey Jorge, allí viven los militares de la base chilena Presidente Eduardo Frei con sus familias, algunos científicos y profesores. El lugar cuenta con escuela, banco, oficina de correos y una iglesia.

Aislados en invierno por un mar de hielo, su único contacto con la civilización es a través de internet y de un televisor. Hombres, mujeres y niños soportan en esos meses noches casi eternas, con temperaturas que alcanzan los -35 grados centígrados.

Los hombres no pueden abandonar el lugar por un periodo de dos años, pero las esposas y los niños pueden viajar en verano, cuando los vuelos semanales al continente se reanudan.

El resto del tiempo, la vida transcurre siempre en el mismo lugar, viendo exactamente las mismas caras. Y en los frecuentes días de ventisca , los habitantes de Villa las Estrellas ni siquiera pueden abandonar sus refugios.

¿Quién querría ir a criar un bebé en un lugar tan extremo?

Cambio positivo

"Es un poco de locos, ¿verdad?", comenta Fernando. "Desde que nos casamos, hace seis años, quisimos venir a la Antártica por un tema familiar, de aventura, para nosotros es muy interesante estar acá".

"Una de las principales razones por la que elegimos venir como familia -prosigue- es tener mucho más tiempo para estar con Fernandito".

Eso sí, la logística no fue fácil. Explican que al mudarse a Antártica, la pareja tuvo que transportar 2.500 pañales, más de 400 toallitas limpias y "cajas y cajas" de juguetes para dárselos a Fernandito gradualmente hasta que cumpla dos años.

Una vez en Villa las Estrellas, cuentan que aprendieron a enfrentar muchas limitaciones y tuvieron que aprender a vivir con lo esencial.

Una vida difícil

Fernandito

Fernandito tiene apenas un año y ya camina sobre la nieve mejor que sus padres.

Lejos de lo que se pueda pensar de un lugar rodeado de hielo, el suministro de agua en una base antártica es limitado y cualquier filtración o grifo abierto puede terminar con las reservas de toda la base y Villa las Estrellas.

Por otra parte, con apenas un vuelo al mes trayendo suministros en invierno, los productos frescos escasean.

"Acá tienes que limitar la comida, tenemos que juntar como hormiguitas", explica Carolina mientras abre su despensa secreta, "llena de los lujos", dice, señalando una lata de refresco.

Para una profesional como Carolina, quien es profesora de comunicación, el permanecer la mayor parte del tiempo en su refugio mientras Fernando trabaja como piloto de helicópteros en operaciones logísticas, puede resultar especialmente duro.

"A mi, que siempre he trabajado y he tenido una vida super intensa, me han venido muchos cambios", indica. "Ahora tengo que estar haciendo las cosas de la casa, y todo en este lugar tan extremo, porque vivir acá es difícil".

Lea el artículo completo en:

BBC Ciencia

15 de octubre de 2012

La locura planetaria del hombre supersónico

Félix Baumgartner, saltando desde su cápsula. | Redbull
Félix Baumgartner, saltando desde su cápsula. | Redbull
La inolvidable, dramática imagen de Felix Baumgartner, asomado al abismo estratosférico desde el que se lanzó para convertirse en el primer hombre supersónico, literalmente dio ayer la vuelta al mundo. Hacía mucho tiempo, quizás desde los tiempos gloriosos del programa Apolo, que una hazaña aeronáutica no generaba tanta expectación planetaria.

Mientras la NASA se encuentra en el momento más humillante de su historia tras la jubilación de los renqueantes transbordadores, y cuando a muy poca gente le interesan ya las rutinarias subidas y bajadas de la Soyuz a la Estación Espacial, ha tenido que ser un piloto austriaco patrocinado por una marca de bebidas el que ha logrado convertirse en el primer gran 'trending tropic' aeroespacial de la era Twitter.

Por una curiosa casualidad, debido al aplazamiento del salto estratosférico previsto inicialmente para el pasado martes, la hazaña de Baumgartner coincidió ayer con el 65º aniversario del mítico vuelo de Chuck Yeager, el primer hombre que logró superar la barrera del sonido a bordo de un avión X-1 en 1947. Y no cabe duda de que la espectacularidad y la atención global despertada por Baumgartner recuerda a los grandes héroes de otros tiempos, como Yeager y Lindbergh, o Gagarin, Glenn y el propio Neil Armstrong.

Lo que está claro es que el sueño de volar, llegar más lejos que nadie y superar viejas fronteras sigue muy vivo en el siglo XXI. De hecho, el mito de Ícaro refleja una aspiración que parece estar profundamente enraizada en el ADN del 'Homo sapiens' y es algo que nos diferencia como especie. Somos excéntricas, insólitas criaturas capaces de arriesgarlo todo para culminar el sueño temerario de lanzarnos al vacío desde la estratosfera, aunque nos juguemos la vida para lograrlo.

El sueño de volar

Hoy sabemos que compartimos más del 95% de nuestro genoma con los chimpancés. Pero si pudiéramos dialogar con alguno de nuestros parientes simios, seguro que le costaría muchísimo comprender la disparatada locura de un primate 'evolucionado' que es capaz de saltar desde 39.000 metros de altura para vivir emociones fuertes.

Cuando un periodista de 'The New York Times' le preguntó a George Mallory en 1923 por qué quería alcanzar la cumbre del Everest, el explorador británico le contestó: "Porque está ahí". Y cuando John F. Kennedy impulsó la creación del programa Apolo en su mítico discurso de 1962, el presidente recordó la frase de Mallory y proclamó: «el espacio está ahí, y lo vamos a escalar».

El ser humano quizás sea el animal más irracional de la Tierra, porque es el único capaz de lanzarse al vacío en caída libre para convertir en realidad sus delirios de grandeza. Pero si no fuera por esa quijotesca irracionalidad, probablemente seguiríamos en las cavernas. Y será esa misma locura la que antes o después nos llevará a pisar el suelo de Marte, con una audiencia planetaria todavía mucho más masiva que la del primer hombre supersónico. Como dijo Max Weber, "el hombre sólo ha conseguido lo posible porque una y otra vez ha intentado alcanzar lo imposible".

Fuente:

El Mundo Ciencia
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